Guía para investigadores y creativos.
Saber preguntar es la base del pensamiento crítico. Todo buen investigador sabe hacerse buenas preguntas. Las preguntas son punto de origen determinante para activar la ruta creativa que recorremos y por lo tanto, lo que se vuelve gesto.
Saber preguntar no es una habilidad blanda.
Es una práctica de orientación interna.
Las preguntas que somos capaces de sostener —no solo de formular— determinan la profundidad del territorio que podemos habitar, crear e investigar.
Aquí comparto una metodología en mis propios términos para entrenar ese músculo: no para responder más rápido, sino para aprender a permanecer en la búsqueda con sentido y curiosidad activa.
1. Reconoce tu motor de búsqueda: seeking system
Existe un sistema en el cerebro dedicado a la exploración, la curiosidad y el impulso por descubrir: el seeking system.
No es una metáfora. Es un sistema neurobiológico real. Y la mayoría de las personas operan sin saber cuándo está activo… y cuándo no.
Cuando este sistema no está disponible, la pregunta se vuelve:
- mecánica
- defensiva
- performativa
- orientada a control o validación
No a descubrimiento.
Esto no es un dato curioso.
Es una advertencia operativa.
Qué implica:
No todas las preguntas activan búsqueda. Algunas solo repiten marcos conocidos con lenguaje sofisticado. Reconocer si tu seeking system está activo cambia por completo la calidad de tu pensamiento crítico.
Saber que existe cambia la forma en que te relacionas con tus preguntas: te permite distinguir entre investigar y solo reiterar marcos conocidos.
Orientación inicial:
Antes de iniciar algo nuevo, formula preguntas que no pidan respuesta inmediata, sino reubicación:
- ¿Desde dónde estoy mirando esto ahora?
- ¿Qué queda fuera del encuadre si sostengo solo esta perspectiva?
- ¿Qué cambia si no intento entender todavía, sino ubicarme mejor?
- ¿Qué aparece cuando ajusto el punto de vista en lugar de buscar conclusiones?
No avances.
Solo nota si la mirada se mueve un poco.
2. Redescubrir la chispa: el juego como cambio de encuadre
Jugar no es distraerse, ni improvisar.
Es una forma específica de atención.
Es suspender momentáneamente la necesidad de eficacia desde lo común.
Qué implica:
El juego no es lo opuesto a la seriedad. Es lo opuesto a la rigidez conocida como única vía.
Práctica:
Introduce una mínima desviación en lo cotidiano:
- Elige una opción que no refuerce tu identidad habitual.
- Pide tu tercera opción en la lista de lo favorito en la cafetería.
- Usa el cuerpo de otra manera (otra mano, otro ritmo, otra secuencia).
- Cambia el orden de una acción conocida
- Despierta leyendo un párrafo de un libro y luego sal de la cama.
- Camina por calles nuevas y observa cosas que normalmente ignoras.
No busques sorpresa.
Observa qué parte de ti se resiste a jugar.
3. La pregunta necesita un mínimo de seguridad para existir
Un cerebro orientado a la amenaza no explora; administra riesgos.
Esto no es un juicio: es una condición operativa.
Si hay miedo al error, al juicio o a perder pertenencia, la curiosidad se repliega. Esto no es debilidad: es protección.
Qué implica:
La seguridad no significa certeza. Significa contar con suficiente suelo para permitir que la mirada se mueva sin colapsar. La seguridad se construye dentro de ella, de manera gradual y situada.
Orientación práctica:
Identifica qué te da estabilidad mientras preguntas:
- espacios
- hábitos
- ritmos
- personas
No para quedarte ahí, sino para saber desde dónde puedes desplazarte.
Equivocarte no es el problema.
Explorar sin suelo sí.
4. Distinguir preguntas que abren de preguntas que cierran
No todas las preguntas activan búsqueda.
Algunas solo confirman una postura previa.
Una pregunta expansiva no exige respuesta inmediata: genera energía disponible.
Tres tipos de preguntas:
- Confirmatoria:
¿Esto está bien o mal? - Expansiva:
¿Qué está intentando mostrarse aquí? - Transformativa:
¿Qué cambia en mí si miro esto distinto?
Subraya la que te provoque deseo de permanecer
Consejo:
Cata tus preguntas, una pregunta que te da energía y ganas de investigar es interesante para avanzar en capacidad. Una que provoca miedo, culpa o aprieta la panza, merece ser notada, pero no se requiere avanzar por ahí. Buscar desde lo que se siente bien en el cuerpo es sentir el cauce que podemos sostener en coherencia, capacidad y agencia.
5. Micro-pasos: entrenar la capacidad de búsqueda
El sistema de exploración no responde a grandes gestos heroicos, sino a continuidad.
- Escribe preguntas que te intriguen.
- Obsérvalas sin responder todavía.
- Al final de la semana, escoge una y prueba algo pequeño relacionado: observación, dibujo, conversación, investigación, etc.
El avance no es entender.
Es no perder la relación con la pregunta.
Es cultivar la capacidad para saber frenar y también volver a entrar.
6. Preguntar con amabilidad (a otros y a ti)
La curiosidad genuina no interroga: establece relación.
Una pregunta amable no busca corregir ni justificar, sino abrir espacio de comprensión.
Ejemplos:
- “¿Por qué hiciste eso?”
→ “¿Qué te llevó a elegir ese camino?” - “¿Estoy haciendo esto bien?”
→ “¿Desde dónde estoy intentando hacerlo?”
Si aparece tensión, no empujes.
Ajusta el encuadre.
7. Usar la orientación como brújula
Bríndate pausas, para orientarte en el espacio en dónde estás, recórrelo para relajar, disminuir la velocidad, descansar.
Más que preguntarte “qué sientes”, observa qué ocurre con la mirada.
- Si se rigidiza
- Si se dispersa
- Orientarte no es ir más hondo
Es mirar mejor
Si hay contracción: decide con elección si explorar, reformular o pausar.
Confía en que estás aprendiendo a regresar al campo y sabrás regresar en otro momento desde un nuevo lugar.
8. Guardar preguntas vivas
Escribir y revisar preguntas mantiene vivo el motor de búsqueda.
Ritual:
Crea un espacio físico o simbólico para ellas:
Preguntas vivas
- libreta
- frasco
- archivo
Cada vez que algo te intrigue, escríbelo sin responder.
Revisa cuando necesites inspiración.
Algunas se transformarán solas en otras. Otras dejarán de ser necesarias.
9. Celebra la confusión como estado transitorio
La confusión no es fallo cognitivo.
Es señal de reorganización y quizá de la necesidad de pausar para que el cuerpo digiera lo que está aprendiendo.
Práctica:
Cuando aparezca, nómbrala:
“Estoy en medio del descubrimiento.”
Cambiar el relato interno cambia la experiencia corporal.
Recuerda:
Cada quien es dueño de su exploración.
Y también de cuándo salir de ella.
10. Nombra a tu curiosidad
Nombrar no es infantilizar.
Es reconocer existencia.
Dentro de ti hay una parte que observa, rastrea, insiste, pregunta sin garantías. Darle nombre es hacerle espacio operativo, darle espacio para que exista. No es un juego de ficción: es una manera de recordarte que dentro de ti hay un observador, un investigador, una mirada que todavía pregunta sin miedo.
Práctica:
Elige un nombre que no busque ser bonito, sino verdadero. Un alias que te guste.
Cuando estés bloqueado, pregúntale con gracia y permiso retórico.
“¿Qué estás viendo que yo aún no puedo sostener?”
Herramientas opcionales
- Frasco o libreta de preguntas vivas
- Mapa de descubrimiento: mural con preguntas y observaciones
- Diálogo socrático lúdico: preguntas que abren caminos, no debates
Guía para trabajar el músculo de preguntar y despertar la curiosidad – Texto escrito por Natalia López. Este texto es parte de un Mapa para Colaboraciones y el Cuidado de la Integridad Creativa de Academia Vinograd en proceso de escritura.



